Esencia y arquetipo
Piscis es el duodécimo y último signo, el lugar donde la rueda se cierra y todas las formas se disuelven de nuevo en el océano. Después de Acuario, que organiza lo colectivo, llega el signo que siente que la separación misma es una ilusión. Esta es su función: la compasión total y el retorno a la unidad.
Gobernados modernamente por Neptuno y tradicionalmente por Júpiter, los Piscis viven entre mundos. Neptuno disuelve los límites, entre el yo y el otro, entre lo real y lo imaginado, entre el sueño y la vigilia. Júpiter añade fe y amplitud. El resultado es una sensibilidad que no tiene filtro: Piscis no deduce lo que sientes, sino que lo siente directamente, a menudo antes de que digas algo.
Su energía es mutable y de Agua, la combinación más fluida del zodíaco. Se adaptan a cualquier entorno, toman la forma del recipiente, absorben la atmósfera de una habitación. Es su don y su herida: sin una estructura propia, llegan a vivir las emociones de los demás y a confundirlas con las suyas.
Su imaginación es notable. Muchas de las creaciones artísticas más importantes provienen de esta capacidad de acceder a un material que no es estrictamente personal: imágenes, música, historias que parecen venir de la nada.
Son profundamente misericordiosos. Perdonan lo que otros no perdonarían, ven el sufrimiento detrás de la agresión y rara vez juzgan a alguien definitivamente.
La sombra es la evasión. Cuando la realidad se vuelve demasiado dura, los Piscis se retiran: en la fantasía, en el sueño, en las sustancias, en las relaciones salvadoras, en la niebla. Pueden hacerse la víctima o el mártir y pueden construir toda una vida evitando una sola conversación directa.